El Viernes pasado nos fuimos a ver un partido NBA al estadio de los Atlanta Hawks. Elegimos ir a ver a los Toronto Raptors, donde juega el español Jose Calderon, que es uno de mis jugadores favoritos.
Para armarla más gorda, compramos una pancarta enorme y escribimos (bueno, Lola escribió) un mensaje para Calderon, que decía “Where 3800 miles away from home happens. Calderon All-Star”, que significa algo así como “Donde 3800 millas lejos de casa sucede. Calderon All-star”, y que está basado en un anuncio muy conocido de la NBA que se llama “where amazing happens“. El caso es que el mensaje era muy ingenioso, y llamaría la atención de cualquiera que lo leyera aquí.
Total, que agarramos la pedazo pancarta (que como llovía tuvimos que cubrir con una bolsa de basura en la que cabía yo entero), la bandera de España, y para allá que fuimos.
En un principio, iluso de mi, pensaba en hacerme una foto con Calde, una firma, y quién sabe, quizás algún detallito por su parte… conforme nos acercábamos al estadio, entré en razón y me di cuenta de que sería muy difícil que me diera su camiseta, así que me conformaría con foto y firma.
Una vez allí, en cuanto salieron a calentar bajamos corriendo (y esquivando a seguridad y staff del estadio) a pie de pista, y desplegamos la pancarta. Algunos me aplaudían y tal, y tras unos cuantos gritos, Calderón nos vio. Sonrió, saludó, y vimos como nos señalaba delante de jugadores como Chris Bosh y Anthony Parker para que miraran la pancarta (tendríais que haber visto que caras ponían). Intenté acercarme más, pero no nos dejaron pasar el cordón, y por lo visto el no podía desconcentrarse saliéndose de la pista, así que tras un rato allí, en el que uno de los comentaristas me dijo que en la radio de Toronto estaban hablando de nosotros, volvimos a nuestros asientos.
En el estadio habían 2 o 3 mini grupitos de españoles también, con banderas y tal, pero claro, ninguno un verdadero fan de Calderón como yo, ninguno con una pancarta gigante curradísima…ninguno ilusionado como un niño sólo por hacerse una foto con su ídolo.
El caso es que el partido fue un desastre. Toronto perdió de paliza, y aunque no estuvo mal el partido, fue poco emocionante (más teniendo en cuenta que Toronto perdía). Además, Calderón, que venía de hacer dos partidazos increibles, tuvo su peor partido de la temporada, y no pudimos disfrutar nada.
Al acabar, mientras se metía en el túnel de vestuarios, nos buscó con la mirada y nos volvió a saludar, siendo consciente de que nos habíamos currado mucho el ir hasta allí y la pancarta y tal, y también siendo consciente de que no nos había podido hacer suficiente caso.
Yo, otra vez con ilusión, pensé en esperarlo cuando se fueran a meter al autobús. Sin embargo, para colmar la mala suerte, los empleados del estadio me dijeron que no era posible porque los autobuses se metían hasta dentro, en zona restringida… así que me quede sin camiseta, sin foto y sin autógrafo. Eso sí, ahora tengo en mi cuarto un cartel de 3 m2 que no sé donde meter… y 50$ menos en el bolsillo









































































